El corazón es traicionero

Esto sucedió el sábado: iba saliendo del departamento para mis clases de Hatha Yoga -que reanudé a principios de año, con todo el retortijón y el estupor que eso conlleva-. Déjalo un mes y los músculos, huesos, venas y arterías se revelan como loc@s. Ya se imaginarán como se pone el cuerpo en rebeldía de tres meses. Aún así no he sido tan constante, con lo del cambio de departamento y cosas laborales he seguido faltando. En una de esas, Carmen, la instructora, me va a decir, mira Cass, ni te pares ya por aquí, que no quiero andar perdiendo el tiempo contigo corrigiendote la postura cada tres segundos. Y yo seguiré yendo porque a veces estoy hecha para el masoquismo femenino. Bajé las escaleras y vi subir una chava pero no le puse atención hasta que escuché un grito detrás de mi proveniente del piso de arriba: "Esperaaa. Espera" me detuve y voltee a verla. Una chava más o menos como de mi edad, con lentes de espejo y bermudas. "Tú debes ser Cassandra" me preguntó, le dije que sí y se presentó como Carolina, la "cuidadora" de Whitney. Román no me había dicho nada del asunto. Ni siquiera sabía que tenía una especie de nana, porque hasta ahora él se hacía cargo de sacarla todas las mañanas en punto de las 6.30 y por las noches despues de las siete. Así que subimos hacia el departamento y la invité a pasar. En cuanto la vio, la Whitney se puso toda eufórica la abarcó en un sólo estirón (la Whitney parada está casi de la misma estatura que ella,  jajaja cool) para lamerle la cara. Aquella le comenzó a decir cosas tiernas y, bueno, parecía que no se habían visto en tres años. Yo pensaba en la hora y en mi clase de Hatha Yoga. Para aumentar la feria también llegó la Ramira. Después de la escena tipo Animal Planet me dijo que las llevaría a pasear y me invitó.... y yo... pues en casa nueva... no me salía ser tan descortés, o sea, en pocas palabras me vi atrapada, a la de a webo. 

Carolina se conoce el departamento de cabo a rabo, obvio, ser la nana de Whitney (y lo que eso signifique) le da derecho a tener llaves y entrar por las tardes cuando no hay nadie ya que a las cuatro, tres veces por semana, Whitney va a sus vueltas, que si el veterinario, que si la clase de acondicionamiento físico (leyeron bien) que sí el paseo de la tarde. Que sí. Que sí. Y yo no lo sabía. Y no es que sea fijada o algo pero solía dejar mis cosas libres y no acostumbro echar llave en la puerta de mi habitación porque creía que nada más eramos dos. El caso es que me quedé ahí parada nada más viendo como ella se movía de un lado a otro buscando las correas en el tercer cajón de la lavandería, y acomodandoselas a las dos... la Whitney y la Ramira, quien también sale de paseo sólo en sábado. "Ella es la que me da más problema porque es más lenta y tenemos que ser más pacientes con ella, pero disfruta mucho los sábados, verdaaad" me dijo mientras le ponía la correa a Ramira sobándola y besándola. "¿Me imagino que yo te voy a ayudar con la Whitney?" le pregunté porque pensé que era la más fácil. "No, si quieres tú toma a la Ramira, no te fies de Whitney es muy fuerte, en una de esas te lleva". Pero me lo dijo poniéndose de pie así como muy macho. Sospeché. Y salimos la cuatro a caminar por el parque que está a la vuelta. Yo me sentía rara porque nunca había sacado a pasear a un gato con correa, y no sólo eso a una gata ciega y eso me apuraba pero Ramira (ay, como me sigue sorprendiendo) conoce muy bien el camino y no se detiene para nada, contrario a la perra. Yo aprovechaba el inter para platicar con Carolina que resultó ser simpatiquísima y sonriente. Le saqué chisme, obvio, tiene novia, vive cerca, es muy amiga de Román desde hace algunos años porque su hermana es la veterinaria de la familia. Así que conoce a Whitney desde cachorra y ella le regaló a Ramira. "Yo la entrené, a Rami, desde chiquita la sacaba al parque con la correa, ahora ya puede andar sin ella buen tiempo, pero hay que ponersela para regresar" "¿Eres veterinaria o algo?" "¡No, para nada! Trabajo con mi novia" pero no me dijo en qué. Platicamos de muchas cosas y nos caímos bien. 

Pero en la tarde me sentí muy hipócrita.  Ahí andaba yo paseando una perra y una gata en el parque cuando al perro que tengo (¿tuve?) ni si quiera lo he visto en por lo menos un mes. Entiendo que no soy esa  persona amorosa tipo Carolina pero a veces sí fallo hasta mis propios principios y decidí encarar la fucking situación: V a n e s s a. No voy a andar evadiendola toda la vida sólo porque ella también se ha puesto insportable a raíz de la mudanza. Vamos, tenemos que ser maduras, y yo debía comenzar el rollo así que le marqué para ponerme de acuerdo y recoger a Rudy (también necesito sanar la relación con él si quiero que Ximena se trague el cuento de la familia feliz) pero me quedé así D: cuando me dijo: "Estoy en casa de mis papás ¿Por qué no vienes? Para que lo veas. Ya ni me acuerdo de tí. Eso no está bien." Me quedé en silencio y tape la bocina. No tenía ningún pretexto. "¿A las siete está bien?"- pregunté. A las 6.50 estaba con el coche estacionado en la esquina. Nada más pretendía ver a Rudy y rezaba para que Lucia no estuviera porque, ¡como es insoportable! Cuando toqué el timbre tuve una sensación ácida en el estómago. Los nervios (?) Y entonces se abrió la puerta,  salió ella, inmaculada, con el cabello más largo que la última vez que la vi (se había peinado, lo noté y la conozco) se veía muy bonita, demasiado. No estaba lista para eso, ¿quién lo está? ¡Ninguna divorciada lo está! Yo también me fuí guapa, sobra decir, me conocen, pero fue más por inseguridad que otra cosa. Quería por lo menos estar de pie. Que se viera que sigo. Pasamos. Platicamos de tonterías. La nueva fuente del jardín y su trabajo. Cuando la veía sentía cosas, ganas de besarla, quitarle la ropa, y pendejada y media así que me adelante: "¿Y Rudy?" "No está. Olvidé decírtelo", me dijo casi sonriendo...y yo por dentro, ¿QUE? ¡¿?! y luego DIJO: "... está en otra casa..." cualquiera entiende que esa otra casa es la de la tetona. ¡Come on! Me dio coraje pero no dije nada. "Hice trampa, Cass. Te hubiera dicho que no estaba, pero quería verte. Tengo mucho de no verte. Necesitaba esto... estar a solas contigo. Crucificame". Me dio risa, pero al mismo tiempo sentí que el corazón... bueno, ya saben. "Eres una ridícula" le dije como enfriando el tema. "¿Dónde vives ahora? ¿Por qué no lo sé? ¿Me quieres apartar de tu vida, así, como si no nos conoceríamos, como si nunca hubiéramos sabido que existimos. Déjame decirte que no es fácil. Y no se puede, Cass. Yo no puedo". Decidí controlar mis nervios, por que no sabía qué chingados quería Vanessa al decir todas esas cosas. Le conté de mi nueva vida como una lady de Polanco, que es la única novedad. Y le dije que me podía visitar cuando quisiera (no le hablé de la perra, aún me preguntó por qué censuré ese tema) sacó su cel y me pidió exactitud: "Ok, calle Sócrates, número 206 entre avenida Homero y avenida Horacio, ya sabes, mucho antes de llegar a Ejército Nacional y...." "Sí, se donde es, ya casi vives en la Alianza Francesa, Cassi" me reí, porque no se me ocurrió otra cosa. "¿Sigues dando clases?" "No" contestó, pero al terminar de teclear me miró a los ojos y... ¡Dios! Aún, escribiendo esto días después siento esa explosión en el estómago de cuando Vanessa mira así. Yo sé que no lo dijo con los labios, lo dijo con los ojos y alcancé a escucharlo: Te amo.  Después fingió resignación por mi nueva vida y me invitó a cenar pero me marché alegando que ya era tarde. "Uy, señorita Polanco" me dijo a manera de broma (?) al despedirme. Después de esas miradas en la sala no quise voltear pero tampoco la escuché cerrar la puerta. Supongo que ninguna de las dos se resignaba. El corazón  a veces es traicionero. 

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