El misterio de la Ramira y los corazones rotos

Ayer conversé con Francine en el trabajo. Le parece muy gracioso eso de que ahora viva con una perra cuyo nombre es en honor Whitney Houston. Hasta lo tomó con burla: "Bueno, qué te puedes esperar de un joto cuarentón". Al oír ese comentario mejor cerré la boca. Ni de chiste está en contarle de aquel conejo negro que yo tuve llamado Michael. Y es que en realidad no era mio, era de mi hermana Mariana que lo abandonó a los tres días de tenerlo. Yo lo adopté y traté de entrenarlo en actos de circo que según yo quería montar para el cumpleaños de mi mamá en Diciembre. Recuerdo que le puse así porque Michael Jackson estaba haciendo gira en el Azteca y mi papá nos llevó a mis hermanos y a mi. Mi idea era que el conejo brincara al oir "Jam" pero nunca funcionó. No quiso aprender nada. Aún así Michael y yo eramos amigos -a pesar de las risas de Mariana que en ese entonces ya se comenzaba a fijar en los pendejos y le parecía cool y juvenil burlarse de una niña-. Quedó como un secreto entre el conejo y yo. En esos pensamientos nostálgicos me encontraba cuando llegó Pablo (desde que vivo con Román me persigue con la misma pregunta) para hacerme la evaluación de rigor: "¿Y entonces, Cass? ¿Ya lo viste desnudo?" Y siempre le contesto lo mismo porque me gusta que se ponga nervioso (a). "¿Te gusta o qué?" acto seguido dice: "Quiero averiguar el rumor de que está bien dotado, aouch. Monja!" siempre se va. Ese es mi pan de cada día, amigos.  Con Román he conversado poco, porque siempre llega después de las nueve de la noche. Al salir del trabajo se va al gimnasio, y a veces con su novio. Hemos cenado tres veces juntos. Y ya lo tengo en la cuenta de twitter. Es amigable, muy buen conversador, inteligente, culto, divertido y sentimental. Tiene una boca muy bonita, y un aire así como de incomprendido pero en macho. Raro de explicar. 

Hablamos de amor y desamor. Lo que nos une a todos. "Oye Cass, por lo que tengo entendido, según Pablo, vienes de una relación muy destructiva y cruel..." (Jajaja, ¡pinche Pablo pendejo!) "No, no fue así. De hecho fue muy buena, lo mejor que me ha pasado pero llega un momento en que la relación ya no da para más, supongo que eso nos pasó". Entonces su mirada se tornó algo nostálgica y se quedó como mirando al vacío. Entonces dijo: "Todos hemos vivido un amor con espinas" por momentos creí que quería llorar pero en lugar de eso recogió los platos y se fue a la cocina. Imaginé que era un acto de escapismo y me quedé sentada dandole unos minutos. No es dificil imaginar que él también tiene una historia, y quizás algún día, con suerte, la sepa. Es curioso, ya me lo había dicho Sara en terapia, que la mayoría de los que llegamos a diván es más por razones del corazón que por otra cosa.  Somos tan vulnerables para las emociones. No sabemos gestionarlas. No sabemos amar, acaso. Sólo el treinta por ciento de las parejas son felices y saben arreglar sus problemas, el resto... pues el resto hacemos arte, es decir sufrimos, deseamos, amamos y odiamos.  Tanto le divirtió la postura de mi mamá que la invitamos mañana a comer. También vendrá la abuela y mi hermana Antoniela. Les presentaremos el departamento a la Whitney y Ramira. Nos mostraremos como somos. O al menos lo que yo también creo que somos. Por cierto ¿qué somos? o más bien ¿quién soy dentro de esta  tribu? porque ellos ya están más que organizados. Hay algo que me llama mucho la atención de estos días que llevo aquí. El hecho de que Ramira, para ser una gatita ciega, está tan bien acoplada a la vida. Ella es completamente normal, juega, sabe llegar al arenero, sabe dónde está la comida y sabe cuándo no hay y la exige. Y tiene un radar umbilical a la Whitney porque siempre van juntas. No sé si Ramira pueda, quizás de manera intuitiva, percibir el inmenso tamaño de la Whitney y eso la haga sentir segura. Y la perra no quiere estar sin Ramira (en cambio en ella noto que no tiene la valentía de Ramira, le teme a la oscuridad y a las ausencias). Bien dicen que lo esencial no es con los ojos, es con el corazón y la Ramira conoce perfectamente el corazón de Whitney. Inclusive ya conoce el mio porque le agrado (eso me lo aseguró Román). Sabe perfectamente dónde estoy. Si estoy en la habitación viene y me busca, si estoy en la sala viene y se acuesta junto a mi, a veces se desliza entre mis piernas. Y a mi eso me emociona, ser amada por alguien que no me ve, pero me percibe, me siente. Que ve lo que es necesario e importante ver y punto. Ramira me impresiona y me estoy encariñando con ella. 

Volviendo al tema de los corazones rotos hay algo que no he contado. Se trata de Antoniela, mi hermana. Le rompieron el corazón. El pendejo ése con el que salía le puso el cuerno. La pendeja lo perdonó (pero, BUENO, yo no puedo decir nada de eso porque le puse el cuerno también a Vanessa, ok?) el chiste es que no sólo ahí quedó la cosa. Un día en plena discusión el imbécil le dio una cachetada. Aquella se la devolvió y se fue llorando a su casa a contarle todo a Sharon. Obvio está decir que hasta ahí llegó la relación, pero acá en confianza Antoniela me dijo que el maltrato llevaba meses, que el tipo este tenía inestabilidad emocional. Un día estaba de muy buen modo y al siguiente todo le molestaba. Y era super posesivo en la cama. Yo le dije que era lo mejor que había hecho, y no sólo eso, llegué a más. Fuí hasta la Universidad (acompañada de Francine que sabe actuación y da miedo) para leerle la cartilla al pendejo. Francine gritó en la calle, armó un escándalo que hasta a mi me cohibió y -aunque Antoniela dice que empeoramos todo- funcionó.  No la ha buscado, aunque pone fotos de su nueva novia en Facebook y le lanza indirectas a Antoniena. Ahora sólo queda restaurar el corazón de mi hermana. Hemos pasado mucho tiempo juntas. Un día de esos estabamos paseando por Palacio de Hierro y como la noté toda down nos fuimos por un helado. Nos sentamos en las mesitas de la calle y nos quedamos en silencio. Yo recordé aquella vez que me rompieron el corazón. Fue Tania, en 5º B. Era mi mejor amiga, yo hacía todo por ella y para ella. Mi hit. Las típicas amigas que parpadean juntas y respiran al mismo ritmo. Pero un día era la malvada Tania y el otro la pobre Tania y yo no sabía de qué trataba el juego hasta que un día, sin más ni más, me dijo "córtala" al salir de las clases de natación. Se me vino el mundo encima y lloré. Mi papá, al verme en ese estado de shock, me abrazó en el coche y me dijo: "Cass, en la vida hay muchos tipos de personas, todos somos diferentes, no por eso mejores o peores que los demás. Hay personas que son como un cactus. Cada vez que las abrazas te lastiman. Y no es su culpa. Es su naturaleza. Déjalos ser, pero es mejor que tú no los abraces más. Sólo déjalos ser." Dejé ser a Tania y ella me dejó ser a mi y en la secundaria no supimos más una de la otra. Pero el consejo de papá me acompaña siempre. Sé quienes son así, yo he sido espinosa también. Me gustaba recordar ese gesto de complicidad entre mi papá y yo hasta que de pronto, en medio del silencio, Antoniela soltó un suspiro y dijo: "Chale, hay personas que son como un cactus".  Y me reí. No le dije nada. Pero me di cuenta de que mi papá nos había dado el mismo consejo reciclado a todos. Quizás hasta mi abuelo hizo lo mismo con él, jajaja. ¡Ay,  mi papá! La abracé. Como lo hizo mi papá en aquel coche azul. 

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