Mis nuevos roomies
Por fin he terminado de mudarme. La proeza me ha llevado por lo menos quince días, yo no sabía (es más, no imaginaba) que iba a ser tanta chinga, -sin contar con la mudanza total del departamento con Vanessa-. Dicen que la primavera es la mejor época para los nuevos proyectos y aprovechar las oportunidades. Como quiera yo también ya me había mentalizado que comenzando Marzo ya debería haber cerrado ciertos ciclos. Y sí, es literal. Dejé el depa que tantos buenos momentos y recuerdos me dio, quedó vacío, sólo e inexistente. Bueno, existe (hay cosas que no podemos ocultar además) pero no existe más en mi vida. Cerrado. No me preocupa Vanessa, ella va a estar bien, regresó a casa de sus papás y al parecer es feliz con la tetona. Aunque acá entre nosotros me duele un poco esa felicidad, pero no soy tan egoísta, ella se merece ser feliz y si encontró alguien que es mejor que yo para ella, cheers. Pero fue raro, saben, ni siquiera una despedida juntas, ¡nada! Creo que estoy dolida. Simplemente un día me dijo que la última semana de febrero era mía para desalojar y que dejara las llaves con Meme el vecino. Que ella ya había sacado lo suyo, que los aparatos que compramos juntas estaban en su casa y después nos poníamos de acuerdo. Cuando llegué al departamento sentí un nudo en el estómago, estaba semivacío, triste, y medio... siendo honesta... manipulado. No eran necesario que me pusiera la cafetera que le regalé a un lado de la cama. (¿?) Lo bueno es que yo tampoco iba sola. Las mosqueperras me acompañaron en tan cruel travesía. No necesite ni una semana, con dos días tuve. Y cerré la puerta. Creí que sería más difícil pero no fue así.
Regresé al nido materno... sólo para dejar cuatro cajas. Yo tampoco quería las cosas de Vanessa y nuestro pasado conmigo. Yo también me estoy renovando ¿ok? Pero, oh, mi santa madre comenzó de nuevo con su letanía -misma que me viene cantando desde el 23 de diciembre del dosmildoce-: "Cassi, yo no sé por qué te empeñas en tirar el dinero así, mira que vivir con-un-hombre-extraño (suspiros e indignación) teniendo aquí tu casa, tu recamara, hijita, aquí estamos bien. No veo tu necedad". Ya ni siquiera me pongo a discutir con ella porque en su cabeza no caben las expresiones de "me gusta vivir mi vida así, mamá" que ya le he dicho. Y ahora peor cuando la abuela mete su cuchara, y le anda haciendo segunda, ay, mi abuela chula: "Mija, son tiempos de Pascua, son momentos buenos para volver al hogar" me dice señalando hacía el cielo con el dedillo arrugado y tembloroso. Las quiero, las amo, me enloquecen, pero está bien eso de vernos una vez por semana y que todas hagamos nuestra vida por separadas. Porque..¡ni que fuéramos novela de Laura Esquivel! Por otra parte Román ha sido muy amigable conmigo, muy buena onda, pero no crean, eso también me pone nerviosa. Una cosa es vivir con tu novia, ok, sobre todo cuando andan bien las cosas, ok, y los suspiros del romance a lo que da, ¿estamos? otra es vivir con una de tus mejores amigas, con plena confianza, sin pedo alguno, total franqueza, ok, pero otra vivir con alguien que no conoces en absoluto para nada. Y más allá de eso, con un guey (¡!) nunca había sido tan aventada. Siempre había sido super fresa, de poner papel en todos lados en los baños públicos y así. De cualquier manera, una divorciada se enfrenta a lo que sea, y el resultado del experimento lo iremos viviendo juntos. Al menos me queda el blog.
El pedo estuvo ayer. Bueno, pues estaba terminando de mudar unas pocas cosillas de ropa. Me acompañaban Renata y Mafer. Ellas no habían venido. Todo el cambio lo había hecho con mi hermana Antoniela. Total que llegamos y como ya tengo llave le dije a la babosa de Mafer: "Abre tú porque se me cae la bolsa" y ella batalló para abrir la chapa (para eso Renata también estaba super cargada) y cuando la puerta por fin se abrió que sale despaborida la Whitney, la perra de Román, en chinga y como es una perrola loca de 50 kilos jajaja (es raza Mastin Inglés) nos dió un pinche susto de miedo, tan así que Renata soltó el grito: "Ayyy, guuuey, ¿QUE ES ESO?" y Mafer toda cagada también, entonces yo más histérica que ellas, les grité: "¡CIERRA LA PUERTA PORQUE SE SALE LA RAMIRA!! Siempre se salen juntas" y aquella, ante el temor de lo que fuera a salir después, cerró en chinga la puerta toda cagadísima. Entonces tuve que dejar la bolsa en el piso y correr detrás de la Whitney (lo bueno es que nada más son tres pisos) que, la pobre, con su sobrepeso no llega lejos, siempre corre hasta la esquina y ahí se queda sentada en la banqueta porque le da miedo cruzar las calles sola. Eso lo aprendí en los tres días de mudanza. La primera vez que la vi también me asusté porque tiene cara de que te va a comer media pierna, pero una vez que la conoces es un amor. Se la regalaron de cachorrita que porque es excelente compañía para los niños, sobre todo para los niños con capacidades diferentes como la hija de Román. ¡Y no hace nada! Al contrario es una bolota inmensa de amor. Una vez que fuímos por ella, y se les bajó el shock de la primera impresión subimos las cuatro de nuevo, pero ya todas cagadas de risa por el susto. "¡Guey, creí que era un toro!" me dijo Renata. "¿Cómo voy a tener un pinche Toro, guey"- le dije. "Contigo ya no se sabe, cabrona" eso lo dijo la babosa de Mafer. Tenían miedo de conocer a Ramira pero también se enamoraron... es una gatita blanca y está ciega. <3 Ay, mi nuevo hogar.Y a final de cuentas.... así soy yo, ¿ok? click si quieren si no pues no.