Ximena

Mamá está más tranquila, pero aún así no le gusta mi estilo de vida. Dice que soy la más revolucionaria de sus hijas (sólo somos dos y comparada con Mariana pues soy todo radical que se pueda pensar) y que desde el embarazo supo que yo era terca y aferrada -en eso siento que exagera-. "Tuve antojo de submarinos todos los días, me puse como una vaca, eso ya no me gustaba" lo comentó en la comida con Román. Resulta reconfortante escuchar a tu madre lamentarse de tu inacabada existencia, cuando ni si quiera eras tú quien disfrutaba de los submarinos, verdad. ¿Yo? yo que iba a saber de sus antojos. Hasta favor le hacía al mundo porque todavía me lo pensaba si era buena idea aterrizar o no. Después siguió con algunas imprudencias más como: "¡Y cómo batallé en preescolar! Cassi se la pasaba hablandoles de los problemas que su padre y yo teníamos casi a todo el personal". Ahí fue cuando me defendí, yo sólo le contesté que la maestra era quien me preguntaba un montón de cosas para hacer tiempo porque... siempre se olvidaban de recogerme a tiempo. Tenía los padres más impuntuales del sector. Antoniela nada más se burlaba de mí, como es su costumbre. No es que le falte al respeto a mi mamá, qué va, es muy educada con ella, pero es simplemente que ella no vivió mis apuros, Sharon, su mamá, desde entonces era la perfección andando. ¡Qué bella es esa mujer! Y qué porte. Y qué elegancia. Tuvimos que llevar a Whitney al cuarto de Ximena, la hija de Román, porque a mi mamá casi le sube el azucar cuando la vió parada en la puerta cuando ella iba saliendo del baño.  Pobre. A toda la gente impresiona así. Podrían creer que no cabe en el departamento pero en realidad se la pasa acostada en su espacio, o en la terracita, o en la cama de Román. Pero no debes emocionarla mucho, tipo de gritarle que venga así toda emocionada porque ella se entusiasma y corre y es torpe y tumba algo o se pega. La gran ventaja de todo esto es que... Román ama la cocina. Uff. Eso para mi es un alivio porque no me gusta, y temí que llegara el odioso momento en el que me dijera: "Hey, Cass ¿qué sabes cocinar?" contrario a eso él preparó la comida y estuvo de lo más feliz. Yo le ayudé con los ingredientes y lavaba platos. Tampoco crean que soy una pinche huevona. 

Horas después de que mi mamá y la abuela se fueran (muy gustosas y de buen humor) Román me dijo que tenía que ir a recoger a su hija que se quedaría a dormir con nosotros. Le comenté a Antoniela que estaba nerviosa con eso porque hasta ahora todo había salido bien. Y en el momento en que la hija de Román y yo no hicieramos buenas migas tendría que padecer los siguientes meses de mi asistencia porque ya pague tres meses. "Exgeras. Eres bien exagerada, te pareces a tu mamá"  No quise debatirle nada. Porque sé que anda sensible y no piensa las pendejadas que dice, ok... y porque quizás soy sólo un poco exagerada, pero es que a mi los niños me dan alergia y muchas cosas más. "¿Qué pasaría entonces si te enamoras de alguien con hijos? La vas a dejar ir" me dijo, como queriendo meter calor. "De sobra sabes que sí" "¿Y sí es el amor de tu vida?" "Sí" "¿Y sí coje super bien?" (...) "Pues sí". Sí, sí, sí, a todo, no hay punto medio es un requisito. Comenzó a recoger sus cosas cuando le dije: "Quédate".  "Guey, ¡es sólo una niña! Puede que sea odiosa, chiflada, e hiperactiva, pero qué importa". ¿Creen que se quedó? No. La pendeja se fue. Y yo me quedé abrazando a la Whitney y sobando a la Ramira con el otro brazo, viendo la tele hasta que se escucharan los pasos de Román y....

Se escuchó la cerradura. Puse mi mejor pose (¿?) why?! y se abrió la puerta. Estaban Román y una niña chaparrita, rubia, y ojos claros. Traía una gorrita con orejas de leoncito de esas que andan de moda. Un saquito color verde, y unas botitas cafés. Todo súper trendy, como salida de un catálogo infantil. Más nervios. "¡Ya llegamos!" gritó Román innecesariamente. Y entonces me presentó a Ximena. "Ella es Cassandra, mi nueva compañera de piso" le dijo al tiempo que hablaba el lenguaje de señas. Yo no sabía, francamente, qué tipo de discapacidad tenía -nunca me animé a preguntarle- pero no me imagine que fuera sordo-muda. La niña sonrió de una manera que, -aunque se lea bien de cliché- que nunca había visto en mi vida, muy amorosa y amigable. Vino hacia mi y me dio la mano. Y entonces comenzó a hacer movimientos con las manos al tiempo que Román la hacía de traductor. Dice que eres bienvenida. "Gracias" le dije, así toda pendeja. "No te preocupes, Cass. Ella puede leerte los labios. Nada más habla despacio." Pero yo me quedé en blanco. Román nos ayudó a mantener una conversación escueta, la típica de cuántos años tienes, en qué año vas, después cometí la burrada de preguntarle qué programas veía pero fue muy tarde para percatarme de mi imprudencia, digo, era una pregunta común. Pero ella contestó, vía Román A veces veo Victorious  a lo que yo respondí simplemente con un "Ah". Cuando Román nos dejó solas para preparar la cena, fue uno de los momentos más extraños, lo único que se me ocurrió fue hablar, hablar, y hablar para que su silencio no se uniera al mío. Y como pude la entretuve inventándole una historia amorosa y divertida con mi perro Rudy (por aquello de que le gustan las mascotas). Al terminar la anécdota inventada (cof, cof,) volteó a ver a Román, sonriendo y le dijo: Quiero conocer al perrito de Cass  (...)  y yo D: pero cerré con broche de oro: "¡Claro!" como si Rudy y yo fuéramos buenos amigos, pe efe efe. Extrañamente -y perdón por ser tan ñoña- me fuí a dormir muy emocionada y contenta... pensando en Ximena que dormía en la habitación vecina. "Es tan bonita", pensé. 


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